No tiene que ser de noche para alcanzar las estrellas, están siempre ahí, esperando ser tocadas.

domingo, 18 de febrero de 2018

Con el paso de los años

Queridos lectores, 

Qué rápido pasa el tiempo, ¿verdad? Parece que fue ayer cuando estaba corriendo por mi casa el día previo a empezar preescolar (mi primer día de cole), preguntándole a mi madre si tendría muchas amigas mientras ella limpiaba (me acuerdo de eso). También parece que apenas ha pasado tiempo desde que empecé el instituto y me pasé una semana pensando qué ropa debía llevar, pero no creáis que eso se debía a mi gran conciencia modista, qué va, se debía a que en mi pueblo existía (y creo que aún existe) la tradición de lanzar huevos a los que empiezan el instituto, es decir, los "pollitos". Mis primos mayores me habían metido tantas historias con que aquello sería como una guerra e iba a tener que correr para evitar que mi pelo se convirtiera en una ensalada de huevo que tenía que encontrar la ropa perfecta para que existiese un equilibrio entre ir arreglada y que no me preocupara que la ropa se ensuciase. 

Más cerca aún me parece la semana en la que empecé la universidad, pasando las tardes sola en el piso que alquilaba y al que me llevé muchos libros porque, inocente de mí, pensaba que no tener los exámenes hasta enero me dejaría mucho tiempo libre...Sí, aún me río de mi ignorancia xD. 

De lo que me acuerdo como si hubiera pasado poco más de una semana es del día de antes del MIR xD

Y aquí estamos ahora, sin nada que hacer. Con mi hermano otra vez en mi cuarto hablándome de cosas que le interesan y haciéndome un monólogo personal e intransferible mientras yo escribo. Ya, hay cosas que nunca cambian... 

También fue un 18 de febrero, tal como hoy, hace muchos, muchos años... 10 años exactamente (tampoco son tantos, supongo, según con qué lo compares) cuando sembré la semilla que terminaría germinando en este blog: mi primer diario. No fue el primero, primero, pero sí el primero en el que me lancé a escribir sincera y completamente sobre mi vida, supongo que porque lo tuve en un momento de mi vida en el que lo necesitaba. Y con el que me acostumbré a poner por escrito mis ideas y pensamientos dirigidos a alguien, a algún lector anónimo, a algún ente ya fuera real o imaginario. 

Mi primer diario estuvo dedicado a Anna Frank, pues fue tras leer su libro escrito a modo de diario a una amiga a la que decidió llamar Kitty cuando yo decidí que quería seguir escribiendo. Cuando lo leí, sentí una gran conexión con ella. Y puede parecer absurdo, lo entiendo, dos chicas de la misma edad, pero separadas por decenios y en condiciones completamente distintas, quizás no parezca que tuviéramos mucho en común. Y, sin embargo, lo teníamos, nada que ver con los nazis claro, pero Anna no dejaba de ser una chica de catorce-quince años que tenía problemas con su madre, con el chico con el que vivía, con los cambios de su cuerpo...Ya hacen 10 años como os he dicho, hay muchas cosas que no recuerdo, pero sí recuerdo la sensación de decir: "oh, Anna tiene razón" o "vaya, eso a mí también me pasa".

Y, sobre todo, recuerdo todos aquellos sentimientos o razonamientos que, en su momento, compartía con Anna, pero que al crecer, me di cuenta de que estábamos equivocadas. Y, como si realmente hubiéramos compartido algo más que sus palabras escritas en aquel diario que años más tarde alguien decidió publicar, me lamentaba de que ella hubiera fallecido en un campo de concentración sin tener la oportunidad de crecer y comprender lo equivocadas que habíamos estado. 

En eso consiste crecer, ¿no? ¿En darte cuenta de tus errores y cometer otros nuevos para volver a darte cuenta de ellos cuando haya pasado algo de tiempo? Y aprender de ellos, al menos, sacar alguna buena enseñanza o moraleja o, al menos, una anécdota graciosa que contar cuanto estés en una cena o reunión. Yo de esas tengo montones xD y más que seguiré acumulando. Otra cosa no, pero las meteduras de pata tontas son mi especialidad. Aunque ahora no voy a ponerme a hacer un listado, lo siento. 

En fin, como os decía, el tiempo pasa a veces demasiado rápido, menos cuando estás estudiando el MIR, eso se hace eterno...no, es broma. La verdad es que esta semana se me ha pasado más lenta que la semana de antes del MIR. Este tiempo y sus caprichos...

Pero basta de hablar del MIR, tío no puedo evitarlo, voy a tener que ir a que me exorcicen o algo para sacármelo de dentro. Tendré que ir al psicólogo. Así que tendré que empezar a ahorrar. 

Lo importante que os quería decir es que nos hacemos mayores xD, sí me he dado cuenta de eso hace poco. Desde que me puse a limpiar mi cuarto y me dio un tirón en la espalda, eso me dijo que me hacía mayor...Es broma, es broma (bueno, lo del tirón no, eso es un hecho real, pero ya sabía que me hacía mayor antes).

Supongo que lo que quería decir antes de empezar a desvariar era que lo más importante de la vida es vivirla, claro, eso dicen siempre, y vivirla la vivimos. Lo importante para mí no es vivirla de manera perfecta, o vivirla sin errores o sin arrepentimientos, sino vivirla aprendiendo: aprendiendo de tus errores, de ti mismo y de los que te rodean y vivirla dejando algo de ti en ella, igual que tú te llevas, dejando pues quizás tan solo una sonrisa en un rostro, pero que nunca sabes quién puede necesitar esa sonrisa. Tal vez nuestro legado sea algo más que las casas o los objetos que dejamos, tal vez sea también las personas a las que hemos ayudado y que hemos inspirado, a su vez, para que ayudaran a otras, y, al poner el marcha esta especie de efecto mariposa del karma hemos dejado en él nuestra huella. Y quizás Anna Frank, como muchas, muchas otras personas que fallecieron en aquellos fatídicos años que han sido y serán una mancha en la Historia del mundo, pero también una importante enseñanza y una lección que no podemos olvidar, no hayan pudieron seguir viviendo para darse cuenta de sus errores, algunos ni siquiera tuvieron tiempo de cometer sus primeros errores. Pero dejaron su huella en el mundo, a través de sus palabras, de sus actos, de su existencia, para recordarnos que el ser humano es capaz de todo, de las más viles crueldades y los actos más despreciables. Pero si lo es de eso, también lo es de grandes heroicidades, de actos desinteresados de amor y valentía. Todo está en nosotros y es decisión nuestra qué parte queremos cultivar, qué parte queremos hacer florecer. Elegid bien, mis queridos lectores, porque solo tenemos una vida y solo un mundo y yo creo, personalmente, que la maldad ya le sobra. 

Mucha suerte a todos y ánimo en lo que quiera que estéis haciendo ;)

miércoles, 14 de febrero de 2018

Entrada Post-MIR

Queridos lectores, 

Pues lo prometido es deuda. Ya estoy aquí para contaros mi experiencia MIR. Lo más gracioso del MIR es que, a partir de él, todo lo que haces se considera post-MIR: la fiesta post-MIR, el viaje post-MIR, la siesta post-MIR...Pareciera que la vida es post-MIR y quizás no vaya desencaminado. 

Pero en fin, volvamos a lo importante. ¿Cómo fue aquel momento? El día antes del MIR fue un día extraño, digamos. Te dicen que no estudies desde después de comer para llegar descansado al día del MIR y que ocupes tus horas con algo de ocio, pero con cuidado. Nos dieron dos charlas antes del día D (será el día de antes del MIR y llamaremos Día M al del MIR por abreviar), en las que nos decían qué cosas podíamos hacer y qué cosas no. Por ejemplo, nada de ir a un rocódromo a escalar para relajarnos porque te podías partir un brazo; ni irte de excursión por el monte de noche; ni correr demasiado rápido porque te puedes torcer un tobillo... (eso ya me pareció pasarse). Pero luego le llegó el turno al cine: Qué películas no se pueden ver el día D. Pues nada de dramas, ni ciencia ficción extraña enloquecedora ni romances que acaben en drama. Solo Disney dijeron... pero es es porque no habían visto Coco, porque con esa lloro más que con el Titanic. 

En fin, yo, sinceramente, pensaba que estaban exagerando un montón. ¿Cuáles son las probabilidades de que me caiga del caballo justo la tarde antes del MIR si llevo años sin caerme? ¿O cómo de probable es que si me voy a tirar con arco, una flecha acabe cambiando su trayectoria completamente para dirigirse hacia mí? Pero por si acaso no hice ninguna de aquellas actividades y me alegro. Porque es verdad, el peligro te acecha el día D. Yo estuve a punto de ser aplastada por un sillón xD Qué muerte tan extraña la verdad... Por  suerte me salvé. 

La verdad es que no estuve nada nerviosa esa tarde. Pero los nervios hicieron su aparición en el peor momento posible: por la noche. Solo para no dejarme dormir en condiciones. Estuve dando vueltas en la cama y tranquilizándome como podía, durmiendo a ratos. Y cuando llegó el día M quise levantarme lo más tarde posible...pero tenía hambre. Ese día comí con Eire y Ada ya en el lugar donde sería el examen porque también te recomiendan que llegues con mucho tiempo porque si hay retención en carreteras, pinchas una rueda o te abducen los extraterrestres por el camino (que dé tiempo a que hagan sus experimentos y te suelten). Así que comí allí, vacié la vejiga y me dirigí al examen.

Y, bueno, no voy a extenderme porque no me apetece nada revivir la tortura. En los próximos seis meses podría desarrollar un trastorno de estrés postraumático. A mí me pareció difícil, pero supongo que lo mismo da fácil que difícil, porque si es fácil le saldrá bien a todos y si es difícil pues quizás le salga mal a todos. Al fin y al cabo, aquí lo importante no es solamente tu nota, sino tu nota con respecto a los demás. Es decir, tu orden. En lo que a mí misma me atañe, no he querido saber las que tuve bien o mal y no me he atrevido a meter mi plantilla en los llamados "estimadores o estima-Mir" en los que te dicen más o menos tu puesto, haciendo un baremo con lo que le han metido al programa para suponer. Por lo pronto, quiero desintoxicarme del MIR y olvidar la mala experiencia. No soy muy positiva con mis resultados, la verdad, no sé qué pensar xD Ni quiero pensar. Arg me siento muy rara.

Sé que esto os puede sonar a locura, pero yo no sé qué quiero ahora mismo de mi vida XD. Obviamente preferiría sacar un buen puesto, aunque solo sea por orgullo personal y por ver recompensado mi esfuerzo y poder coger algo que me guste en un lugar no demasiado lejos. Pero, al mismo tiempo, me da tanto miedo seguir con ese paso en la vida. Y lo sé, lo sé, eso es lo que significa vivir: seguir avanzando y creciendo y aprendiendo. Y sé que es lo que toca, lo que mucha gente quiere, seguir con su vida, independizarse, ser independiente. Pero me da tanto miedo. Esto me activa a tope la ansiedad xD. Es la representación gráfica de mi peor pesadilla: papeleo burocrático. Porque claro tendré que colegiarme y hacerme un seguro y una declaración de Hacienda xD Qué horror.

A ver cómo os lo explico. Soy escritor y, en general, me gustan las páginas en blanco porque cada página en blanco es una historia esperando ser contada. Puedo usarla para crear algo: un poema, una historia, una idea... Y sé que mi vida ahora misma es una página en blanco porque no sé qué viene a continuación. Después de tercero de carrera sabía que venía cuarto, por ejemplo. Pero ahora mismo no lo sé. Se supone que viene trabajar si es que saco plaza (esperemos que sí) aunque no lo tengo claro.

Os hago un inciso para deciros que mi hermano está aquí en mi cuarto hablándome y haciéndome un discurso sobre algo aunque ve que estoy escribiendo y ocupada y no me apetece hacerle caso, pero mira, aquí sigue porque quiere expresarse. Así que si me estoy explicando fatal achacadlo, al menos en parte, a esta fuente confusora-distractora que tengo.

En fin, podría decir que mi futuro me ilusiona y me aterra a partes iguales. Quiero hacer muchas cosas en mi vida, quiero aprender a cantar, a tocar la guitarra, a pintar, mejorar escribiendo, crear más historias y, sobre todo, quiero ayudar a la gente. Y eso son constantes que sé que voy a tener, pequeñas líneas que ya puedo ir escribiendo en mi historia. Sé que puedo ayudar a mis pacientes coja la especialidad que coja, e incluso que no hace falta ser médico o un especialista para ayudar a la gente o ayudar, en general, puedo buscar alguna protectora de animales en la que apuntarme como voluntaria o también me gustaría ser voluntaria y trabajar en centros de acogida de niños, o madre de acogida si tuviera casa y dinero. Hay muchas formas de ayudar ya sea a gente o a animales o a plantas (también tienen sus derechos). A veces me obsesiono con salvar vidas cuando sea médica, pero es verdad que todos tenemos oportunidades y ocasiones de ayudar a los demás, sea hacer que algún amigo se sienta mejor o entretener a algún niño de vez en cuando. En un mundo que a veces parece tan lleno de maldad y desesperanza, no debemos subestimar el poder de hacer sonreír a alguien.

Pues eso, mis queridos lectores, creo que no me voy a alargar mucho más porque con la banda sonora de mi hermano de fondo me está siendo muy difícil concentrarme en lo que os digo. Así que voy a ir concluyendo y próximamente intentaré deciros algo más. Por ahora, voy a relajarme y a darme unos días sin pensar en el MIR, haré ejercicio, cocinaré, estoy aprendiendo a hacer ganchillo y quiero hacer una bufanda y cositas así. Ya, la libertad me vuelve súper ama de casa. Y sobre mi futuro, pues supongo que mi miedo solo dice que soy humana, porque ¿quién no tiene cierto temor ante la incertidumbre de lo que está por venir? Sí, el temor es humano, pero también lo es la esperanza y el valor de seguir avanzando y seguir escribiendo las primeras líneas en esas páginas en blanco.

Así que, mis queridos lectores, mucho ánimo a todos y os seguiré contando mis secreto en la cocina y mis experiencias con la costura mientras estoy de vacaciones xD

lunes, 22 de enero de 2018

Mi querido MIR

Queridos lectores,

¡Feliz Año! Ya estoy aquí de nuevo. Bueno he tardado un tiempo, pero aquí estoy. 

Probablemente esta sea mi última entrada hasta después del MIR porque no creo que me dé tiempo a más, sinceramente. Así que quería aprovechar para escribir algo que me relajara. 

Ayer pasé un mal rato cuando después del simulacro, la tutora de mi academia empezó a repasar todo lo que podría salir mal el día del MIR, realmente tuve un ataque de ansiedad, por suerte tengo práctica en aguantar estoicamente los ataques y no empiezo a hiperventilar. En fin, que me puse muy nerviosa y hoy, que lo seguía, lo he estado pensando. Y es que yo sé que el MIR es muy importante, sé que es algo en lo que nos esforzamos mucho y queremos que nos salga lo mejor posible, pero creo que los médicos opositores que nos presentamos hemos olvidado que es un examen. Yo seguiré siendo la misma persona después del MIR me haya salido bien o mal, seguiré teniendo a mi familia, a mis amigos, seguiré teniendo a mis perros...y saque nota suficiente para coger pediatría o psiquiatría o aunque tenga que hacer médico de familia en Alpedrete, me voy a dedicar a lo mismo: a ayudar a la gente, a ayudar a mis pacientes. 

Claro que estoy nerviosa y quiero esforzarme y hacerlo lo mejor posible porque he trabajado mucho y porque sí, porque quiero hacerlo, quiero darlo todo y sentirme orgullosa de mi esfuerzo y de haber aguantado 5 horas de examen. Pero me he dado cuenta, yo que he sido una persona que siempre ha tenido muchos nervios y mucha ansiedad en los exámenes, que la presión que sentía por hacerlos bien ni siquiera era mía. 

Estoy nerviosa por los demás xD y no por los demás opositores, sino por los demás que me rodean. Cuando hice la prueba para entrar en la universidad me sentía presionada porque no quería decepcionar a los profesores, ni a mis padres ni quería que toda la gente que estaba esperando a verme fallar porque yo era la empollona pudieran reírse de mí. Y, aún hoy en día, cuando siento ansiedad por cómo me saldrá el MIR si lo pienso, sigue siendo por los otros. Por qué dirá mi madre si saco mala nota, por si se reirán de mí, por si pensarán que soy peor, que no merezco nada. Porque, ay queridos lectores, he tenido históricamente tan mala autoestina (no sé si por crianza o por genética), pero me he odiado tanto y he pensado tan poco de mí misma que hubo un tiempo en el que solo sentía que valía lo que valían mis notas, porque era lo único que hacía bien y que parecía contentar y enorgullecer a los demás. 

¿Pero sabéis qué? Que quizás no puedo decir que lo haya superado o que ahora tenga una sana autoestima, no es tan fácil exorcizar viejos fantasmas, pero al menos ahora lo sé y cada vez que me siento al borde de un ataque de nervios respiro y me digo que soy muchas más que mis notas, soy mucho más que un número que marque mi orden en el MIR. Todos somos mucho, muchísimo más. Soy alguien que se ha esforzado y ha estudiado durante seis años de carrera y otro para el MIR, soy alguien que se preocupa por los demás (a veces en exceso), soy alguien que tiene planes, sueños, ideas y eso no va a cambiar con el MIR. 

Nos dejamos llevar tanto por un examen, nos hemos matado tanto por un examen... y, en realidad, pensadlo, si todos nos lo tomáramos con más filosofía y no fuéramos tan competitivos y a matar o morir, no tendríamos que prepararnos como si el examen fuera una batalla campal. Pero en fin, a lo hecho pecho. Así que sigamos. 

Si alguien, cuando haga el MIR y si saco un resultado no del todo bueno, se siente decepcionado conmigo pues lo siento mucho, pero he de decir que soy humana y algún día tendrían que darse cuenta de que no soy perfecta ni puedo soportar la carga de intentar serlo sobre mis hombros indefinidamente. Si alguien piensa que soy menos o que valgo menos por no haber estado entre los cien primeros del MIR pues, sinceramente, es su problema, porque la gente que me aprecie de verdad, que me quiera de verdad, va a seguir pensando exactamente lo mismo de mí que el día anterior a hacer el examen. Y si mi madre, oh pobre de ella, no puede presumir delante de la gente de mi posición pues...sinceramente, me importa una mier**, ¿me entendéis, no? Que mi madre es la peor porque no ha parado de decirme lo bien que quedaron en el MIR el hijo de no sé quién, la hija de no sé qué más...Y no sé si es lo que piensa, pero lo que a mí me transmite es que quiere poder decir que yo quedé mejor. En fin, llevo muchos años haciendo lo que mi madre quiere y va siendo hora de cambiar eso, y este es un tiempo tan bueno como cualquier otro. 

¿Sinceramente? Por lo que más deseo que el MIR me salga bien y poder coger plaza es para poder irme de casa y vivir fuera xD

Aunque echaré de menos a mis perros. Oh mis cositas bonitas. Ellos sí que me van a querer igual me salga como me salga el examen. Podría ir y decirles que he sido el número 1 o que he sido el número 3.000 y me saltarían encima igual, intentarían chuparme igual y querrían jugar igual. Incluso creo que si pudieran entenderlo y decidir casi preferirían que el examen me saliera mal para quedarme con ellos en vez de tener que ir a la ciudad a trabajar.

En fin, queridos lectores, que la vida avanza, no sé si os habéis dado cuenta, probablemente sí. Vamos creciendo y seguimos caminos unas veces preformados, otros nuevos, inhóspitos, salvajes... de todo tipo. Para mí, ahora mismo, el futuro es casi como una página en blanco. No sé qué esperar de él, no sé que voy a escribir en él. Y es extraño porque parece que siempre me he movido por caminos muy concretos: el instituto, la universidad, estudiar, hacer un examen, estudiar, hacer el siguiente examen... Y ahora bueno, será trabajar y aún tendré que estudiar mucho, pero siento que todo va a ser diferente. Y quiero que sea diferente. Para mucha gente lo peor del MIR ha sido poner sus vidas en "stand-by", algo que yo no he notado apenas porque mi vida siempre ha estado así. Quiero decir, he vivido, lo que he podido, y no me quejo porque incluso con mis limitadas vivencias o experiencias en el mundo de "afuera" he aprendido mucho, mucho. Y se lo debo a mis pacientes, a algunos médicos, a grandes personas que he conocido, a mis buenas amigas.

Pero aún quiero más, oh quiero mucho más. Quiero cosas que siento...que sé que no me atreveré a tener hasta que no me libere del influjo que mi madre ejerce sobre mí. Y, por eso, aunque me da miedo mucho de lo que me depara, aunque no llevo nada bien la incertidumbre, quiero que llegue ese momento, quiero empezar a trabajar y sí, sé que no tendré tiempo para casi nada y que poder hacer mi vida sin sentirme vigilada por mi madre es más una actitud que kilómetros, no servirán de nada los kilómetros de distancia si no pongo algo de mi parte.

Quiero salir por las tardes de mi casa o piso sin sentirme culpable, sin pensar que mi madre estaría teniendo un ataque de ansiedad si lo supiera. Quiero poder apuntarme a gimnasios y a clases de escritura o guitarra, aunque tenga que salir de mi casa y volver cuando es de noche. Quiero poder viajar a Escocia con Marinette y poder ir a visitar a Sadee a su casa, que me ha invitado. Quiero poder sentirme a gusto conmigo misma, trabajar ayudando a los demás. No creo que mis sueños sean demasiado ambiciosos y aún así son bastante difíciles. Pero lo haré.

Así que mi querido MIR, aquí me tienes, ya estoy preparada. Tal vez he visto demasiados vídeos de youtube cuando debería estar estudiando porque necesitaba reírme para desestresarme, sí, lo admito; seguramente habré dado menos vueltas de las que tenía que darle al libro gordo; y, oh, sé a ciencia cierta que he leído demasiados libros en este tiempo. Pero también he estudiado y he intentado meter toda la información posible en esta cabecita mía. Y aquí estoy, aceptaré tu veredicto el Día del Juicio Mírico, estoy bastante segura de que la gente que quede por delante de mí se lo merecerá, seguramente (si no han hecho trampas), así que lo aceptaré estoicamente. No pido mucho, por pedir solo pediría estar en buenas condiciones ese día, ya sabéis, que no me venga la regla, no marearme...para poder darlo todo. Y luego, ya, como mucho, mucho, que me diera para una plaza, ni siquiera voy a ser demasiado exigente con qué plaza xD.

Y bueno, antes de seguir desvariando, me voy a ir despidiendo que necesito dormir para que mi cerebro descanse.

Si alguien que vaya a hacer el MIR me lee, que seguramente será Kim y no sé si alguien más, y para mí misma os digo: id a darlo todo, hacedlo lo mejor que podáis, nos hemos esforzado mucho y pase lo que pase (libros leídos aparte), podemos sentirnos orgullosos de todo nuestro trabajo y de haber luchado hasta el final. Pero, ojo, no olvidéis que solo es un examen, os salga genial o fatal, al día siguiente seguirá saliendo el sol, seguiréis siendo buenas personas y buenos médicos (si lo erais antes, no es que el MIR haga milagros xD) y seguiréis teniendo lo más importante de esta vida que es el amor y la felicidad (a veces soy muy ñoña). Es un examen, de verdad, papel sobre el que ponemos cruces, tu nota ni siquiera te evalúa como médico porque para mí ser médico es mucho más que mi conocimiento en cardiología o digestivo, para mí ser buen médico es preocuparte por tus pacientes, ayudarlos en lo que puedas, darles ánimo y apoyo, tratarlos bien y cuidarlos, por supuesto dándoles el mejor tratamiento posible. Pero, chicos, en el hospital, trabajando, tendremos las guías delante, tendremos los algoritmos en libretas, tendremos internet y superiores a los que consultar, así que lo que no hayamos aprendido para el MIR lo terminaremos sabiendo; pero la humanidad y el cariño ni se evalúa en exámenes ni se aprende en libros. Así que si sentís que además de saber mucho (o poco) estáis dispuestos a preocuparos de verdad por la gente y no verlos como meras patologías, entonces, mi más sincera enhorabuena porque YA sois médicos y, además, buenos médicos, independientemente de qué nota saquéis el día del MIR. Pero si os da igual todo y habéis elegido medicina por el sueldo o porque la ciencia es súper interesante, pero veis enfermedades en lugar de personas, entonces, lo siento mucho, y me da igual que seáis el número 1 del MIR o acabéis por delante de mí, no os podré considerar buenos médicos; buenos estudiantes, sí.

Aún nos queda muchísimo que aprender, no lo olvidéis, de todo: de medicina, de ciencia, de nosotros mismos y de humanidad. Siempre hay algo que aprender. Y aunque los meses que vienen son todavía una incógnita y son páginas en blanco, las iremos escribiendo. Al fin y al cabo, soy escritora, me encantan las páginas en blanco porque cada una es una nueva historia que está esperando ser contada.

Y os las contaré todas, aunque seguramente mi próxima entrada será después del MIR. Así que deseadme suerte y yo os la deseo a todos vosotros, tengáis el MIR o exámenes de la universidad o simplemente cosas de la vida.

Oh, ¿sabéis qué se me acaba de ocurrir que sería genial? Que cuando vaya a comenzar el tiempo para ponernos a hacer el examen dijeran: Que comiencen los Juegos del Hambre

Resultado de imagen de que comiencen los juegos del hambre

Sería genial. Dudo que me lea ningún examinador del MIR pero por favor, sería genial xD.

En fin, ahora sí, queridos lectores, me despido hasta después del día del Juicio Mírico a menos que sienta una gran necesidad de escribiros para desestresarme antes.

Y solo me queda decir: Valor, y a por ello ;)

domingo, 31 de diciembre de 2017

La última del año

Hola mis queridos lectores,

Sé que os escribo muy poco últimamente, gajes del MIR porque tengo muy poco tiempo para vivir. Claro que se veía venir porque rima: quien vaya para el MIR que se olvide de vivir. Deberían anunciarlo cuando vas a empezar la carrera o cuando vas a ver la universidad esos últimos días de instituto, buscando decidir qué estudiar. Entonces, justo entonces, en vez de comprarte con palabras bonitas y cadáveres hechos mojama, tenían que contarnos toda la verdad del MIR.

Pero bueno, mis queridos lectores, no importa. No he logrado escribiros tras semanas sin pasarme por aquí para hablaros del MIR. De hecho, tengo muchos temas que tratar ahora que estamos en esa bonita fecha que es la Navidad y el fin de un año para dar paso a otro nuevo lleno de ilusiones.

Lo mejor del MIR, he de decir, es que te da mucho tiempo para pensar en cosas de la vida y filosofar un rato (o varios) mientras tu mente se esparce por consecuencia del aburrimiento. Y así he comenzado muchos debates en mi mente, algunos los he compartido con amigas para tener también su opinión, otros los he empezado a escribir sin llegar a acabarlos. Ha habido de todo, así que os haré un popurrí resumen de lo más importante que he aprendido en estos meses de MIR.

Un día me pregunté si la inteligencia podía ser un lastre para la felicidad. Si acaso aquellos que estudiamos y sacamos buenas notas (o no siempre), pero que nos esforzamos y trabajamos, estamos condenados a ser unos parias, los raros de la sociedad. Fue en un día en el que unos tíos vinieron a mi casa y me di cuenta de que en muchos aspectos de mi vida, la gente había estado compitiendo conmigo y me habían impuesto una competición a la que no me había apuntado. Comparándome con mis primos y sus logros o los míos. La cosa, en resumen, es que como en el instituto (esa vieja gloria que fui) sacaba muy buenas notas, parece que creé una imagen de “superior” que los demás querían eliminar. No sé cómo explicarlo. Mis compañeros estaban más pendientes de mis notas que yo para ver si me habían superado y mis tíos las comparaban con las de mis primos. El otro día uno de mis primos pequeños encontró su primer trabajo, nos graduamos a la vez porque nos llevamos dos años y mi carrera dura seis mientras que la suya cuatro. Y en la forma de decírmela iba implícito un mensaje así como: tú parecías la más lista, pero te han superado porque mi hijo ha empezado a trabajar antes.

Y yo no supe muy bien cómo tomármelo o contestar. Que tus resultados académicos pongan en tu contra a amigos y familiares es algo raro y duro, la inteligencia o el esfuerzo parece castigarse más que premiarse. Y me sentí mal durante muchos años porque me sentía parte de esa competición, como si tuviera que seguir demostrando a todas horas que era buena. Pero por fin me he dado cuenta de algo: la inteligencia no es el problema, sino la insatisfacción. La gente se compara a todas horas con cualquier cosa: si el coche del vecino es mejor, si su casa es más bonita, si el hijo de mi amiga tiene novia y tú no…

Siempre, siempre y a todas horas, las odiosas comparaciones. Y, creo sinceramente, que todas están motivadas por una creencia popular de esta sociedad de que la felicidad tiene que venir del exterior, de tener un coche mejor o un trabajo mejor, que seremos más felices cuando seamos mejores o superemos el siguiente reto. Pero no nos damos cuenta de que por ese camino, la competición nunca acabará porque detrás de una cosa vendrá otra, y detrás de esa otra. Así que no, la felicidad no viene de fuera, ni de lo que tienes o no tienes, sino de dentro. De uno mismo. Así, no necesitas nada más.

¿Nada más? Diréis…¿pero ni una casa, ni un coche mejor, ni pareja, ni hijos, ni un perro?!!! Pues no niego que sea más fácil ser feliz si tienes un techo sobre tu cabeza y algo para comer cada día; y que todo es mejor con mascotas; y que, por supuesto, el amor y los seres queridos son algo fundamental en la vida. Pero eso no es lo que te da la felicidad, sino lo que la completa, lo que la complementa y lo que te permite compartirla. Porque si necesitamos a alguien, como una pareja, para ser felices nos convertiremos en algo que dependiente, necesitaremos de su presencia o de otra para sentirnos felices, y no puede ser así. Si nos dejamos creer que nuestra completa felicidad viene de los hijos estaremos poniendo sobre los pobres bebés una pesada carga.

A ver, a ver, no me entendáis mal. Claro que la felicidad tiene diferentes colores y matices para cada uno y que habrá quien no se imagine una vida feliz sin su pareja o su familia, y eso es estupendo. Pero pensemos por un momento en algo más profundo. Porque para compartir tu felicidad primero has de ser feliz por ti mismo, igual que para querer a alguien debes empezar por quererte a ti mismo. La felicidad debe venir de ti, de dentro, sin importar que tengas más o menos; y si tienes lo que siempre deseaste, pues mejor; pero si no lo tienes, la vida tomó un rumbo diferente al que pensabas, si todavía estás luchando por tus sueños…pues aún así, puedes ser feliz.

Puedes estar orgulloso de tus fallos y tus caídas porque ellos te hicieron como eres, y podrías haber sido diferente, pero este eres tú.

Como seguramente sabréis si tenéis calendarios y/o veis la televisión, se acaba el año, y por todas partes llega el momento de bombardearnos con los típicos memes y mensajes de “propósitos de año nuevo” y que si este año no hemos hecho nada y el que viene aún será peor…sí, internet no suele sacar lo más positivo del mundo. Si os cuenta la verdad, yo de pequeña solía tener toda una lista, más que de propósitos yo diría de deseos. Resulta que el 1 de enero, primer día del año, es también mi cumpleaños, así que en mi caso el sentimiento de que comienza un nuevo año es doblemente cierto. No solo empieza un año más en el calendario, sino también en mi vida. En esta ocasión cumpliré la friolera de 25 años, un cuarto de siglo. Que, la verdad, es una fecha que me hace bastante ilusión celebrar, supongo que por el concepto de siglo. Pues como os decía, en esta lista de deseos solía tener lo que deseaba que me sucediera en ese nuevo año de mi vida, la empecé con 15 y tenía 15 deseos. El año que cumplía 15 estaba pasando por una depresión mayor que, realmente, no sé si lo fue porque solo me la diagnostiqué yo a posteriori cuando estudié psiquiatría. Pero, bueno, creedme cuando os digo que estaba muy mal y deseaba con todas mis fuerzas que eso cambiara. Lo que pedí en esa lista, lo que deseé con cada uva que me tomaba (en España las doce últimas campanadas del año se acompañan de 12 uvas de la suerte), y lo que deseé cada vez que soplé las velas fue algo muy simple, pero ah, tan complicado. Solo deseé ser feliz. Sí, había más deseos en mi lista: sacar buenas notas, que alguien me quisiera, tener más libros… Pero sobre todo deseaba ser feliz.

Y me alegra decir que se cumplió, porque aquel año conseguí por fin salir de la depresión que me acompañaba desde hacía casi un año (valga la redundancia) y seguí hacia delante.

Así que sí, la felicidad siempre ha estado en el top ten de mis deseos en la vida y aquí sigue. Pero por fin voy aprendiendo que no vale solo con desearlo al soplar una vela, sino que tienes que poner de tu parte, tienes que sentirla, tienes que aceptar las cosas que tienes y no solo las que te faltan, en todas las sonrisas que puedes dibujar y todo lo que puedes ayudar en el mundo (cada uno que piense en lo que le hace feliz, oye). Por eso yo agradezco las casualidades de la vida, que quizás no me han conducido por el camino que pude haber imaginado para mí, pero que me han hecho como soy, me han permitido darme cuenta de que he sido criada de una manera que hace tenga una tendencia patológica a no ser feliz (pero ese es otro tema) y, sobre todo, me haya dado la oportunidad de ayudar a muchas personas en pequeñas cosas estando en el Hospital y descubrir que son esos pequeños agradecimientos, la sensación de haber hecho sentir mejor a alguien, de haber cambiado su vida y haberle ayudado, lo que me hacen sentirme más feliz. Porque si me hubierais preguntado en esos 15 años míos no os habría dicho que querría ser médica, pero aquí estoy y en estos meses de solo estudiar en mi casa no sabéis cómo echo de menos el hospital, hablar con los pacientes y entretener a los niños, o ponerme la bata y pasear por los pasillos sonriendo a la gente (ya, no hacía grandes cosas) y aún así cómo lo extraño.

Para mí, 2017 ha sido un gran año, no os voy a mentir. Para empezar, terminé la carrera de Medicina, lo que es un gran logro y estuvo llena de momentos preciosos como la cena de Gala y el día de la Orla con mi gran bata de dibujos, de discursos enternecedores, y el orgullo que sientes al recibir la beca de graduado. Además, fue un año lleno de prácticas en el que pasé algunos de los mejores momentos de mi incipiente vida médica: como el día en el que me dejaron ayudar por primera vez en una operación en la que, resumiendo, mejoramos la capacidad motora de un niño y salí de allí sintiéndome como un auténtico héroe, aunque yo solamente había sujetado la pierna xD. Seguí vendiendo mi libro y gané un premio, no os lo he llegado a decir, quedé Finalista en el concurso que hacía la Editorial Atlantis a mejor Novela de Intriga del año. Y también hay algo que quizás no todo el mundo contaría como bueno, pero yo sí lo haré y es que terminé una relación, que en algunos contextos puede parecer malo, sin embargo lo cuento como algo positivo de este año porque fue un reto para mí. No soy una persona muy asertiva cuando se trata de algo que pueda herir a los demás. Sí, que me guste tanto ayudar a la gente puede parecer maravilloso, pero todo tiene sus contras y es que a veces miro más por los demás que por mí misma y por no herir a la otra persona, me costó mucho dar el paso de terminar una relación con la que yo ya no me sentía bien.

Y esto es importante, porque claro que el amor es precioso y bonito y todos queremos ese Cuento de Hadas, pero ¿pensar que nuestros problemas se arreglan con una relación? Uh uh. Me temo que no. A veces, una relación solo puede ser una extensión de tu problema. Hablemos de mi familia y algo que he aprendido este año. Un día, estando en casa de mis abuelos, le dije a mi abuelo que no debería seguir haciendo que su hija de 40 años lo siga llamando cada día y la tenga tan controlada y sobreprotegida y su respuesta fue muy clara: que con ella lo hacía porque no estaba casada y que mi madre, a mí, dejaría de controlarme también cuando me casara. Porque, al parecer, en ese momento ya será problema de otro mantenerme a salvo y con vida, porque yo, oh pobre mujer desamparada, no podría hacer nada sin el cuidado de un hombre. Básicamente y en resumen. Como podréis imaginar me tuve que refrenar mucho para no liarla y solo me indigné y le dije un par de cosas, pero en fin es difícil cambiar la mente de un hombre de 70 y pico años y lo está pasando ya bastante mal con mi abuela, que como os comenté, ha comenzado una demencia así que no quería que hubiera discusión.

Sin embargo, fue algo muy edificante porque, veréis, me hizo comprender mucho mejor a mi madre y a mis tías y, también, cómo me han criado a mí. Nosotras cuatro, pobres, tenemos la autoestima tan baja que no es ni una línea pintada en el suelo, está allá por el Inframundo (Nota aparte: querido Hades, si encuentras mi autoestima, por favor mándamela. Con cariño, Laura). Porque nos han inculcado desde pequeñas, consciente y/o inconscientemente que no valemos de nada, no podremos hacer nada ni valernos en el mundo sin un hombre que nos proteja. La ansiedad que se cimenta en el miedo que se alimenta de esta premisa que crea un vacío de autoestima y sensación de valía que crea un círculo vicioso. Mi madre depende de mi padre casi para todo, y lo peor es que se siente frustrada y lo tacha a él de controlador, pero lo cierto es que es ella la que se siente que debe ceder el control porque no podría hacerlo por sí misma. La hermana que la sigue no sabe vivir soltera, en serio, no sabe. Porque les han inculcado que sin un hombre no son nada y necesitan una relación para afirmarse como personas. ¿No os parece loco? Y no creo que esto esté en mi familia, sinceramente, creo que es algo extendido por el mundo.

Y por eso toda esta charla. No “necesitamos” a nadie, no podemos basar una relación en un sentido de dependencia y en que algo llene el vacío que sentimos por dentro, porque entonces nos volvemos dependientes o nos dejamos manipular por otros dispuestos a lo que sea por no perder esa “necesidad”. Y eso no es sano. Así, una relación no resolverá nuestros problemas, sino que será una extensión de ellos porque, en general, no encontraremos a la persona adecuada.

En fin, el resumen de todo esto es una moraleja muy sencilla: para querer a los demás y ser feliz sin necesidad de compararte con nadie, lo primero y más importante que debes hacer es quererte, valorarte y comprenderte a ti mismo.

Y eso es lo que he aprendido este 2017, ¿no está mal, verdad? Solo necesité 365 días de un año y, buenos, los 365 días de otros 24 años más algún extra por los bisiestos.

Y, con todo esto, que no es poco, mis muy queridos lectores, solo me queda daros la enhorabuena si habéis aguantado este parrafazo de entrada hasta el final y a mí todos estos años; y desearos un muy feliz Año Nuevo lleno de éxitos, espero que además, aprendáis mucho, que es lo mejor que se puede ir haciendo en la vida, aprender y descubrir todo tipo de cosas; que tengáis muchos momentos de felicidad y que sigáis siendo vosotros mismos, en definitiva, pues otro año más que nos espera cargado de aventuras.


Mucha suerte y Feliz Año a todos!

domingo, 19 de noviembre de 2017

El otoño, la osmosis, un viaje, mis genes y yo

Queridos lectores, 

Oh madre mía, ¿cuánto hace que no os escribía? Una eternidad al menos, qué mal. Lo siento mucho, chicos, pero ya sabéis cómo va la cosa con el MIR, se supone que he de tener una hora libre al día o algo así, pero muchos días se me va en terminar algo o en hacer algo de ejercicio. En fin, ya estoy aquí y que tengo mucho que contar. 

Lo primero es deciros lo mucho que me gustan los colores del otoño. ¿Es precioso verdad? Me encantan los colores naranjas, rojos, en conjunción, en las viñas, en los árboles. No salgo mucho de casa, pero cuando salgo para ir, normalmente, a la academia, me recreo en la visión del otoño por la ventana. 

Vale, primera parte del título cubierta, vamos a por la siguiente. 

Me enteré hace unas semanas de que mi novela, La rosa de sangre, era finalista en un concurso que hace la editorial para elegir la mejor novela del año (de entre las que ellos publican). Me dijeron que la entrega de premios donde anunciaban el ganador era en Madrid y, al principio no pensaba ir, pero al final me venció las ganas de ir, ¿quién sabe si volveré a estar nominada a un premio? En fin, pues fui. Además de haberme comprado un modelito al más puro estilo ejecutiva sexy, pues solo tuve que convencer a mis padres de ir y allá que fuimos. AL final no gané el primer premio, pero me llevé un lindo trofeo de finalista a mi casa igualmente. 

Y lo que os quería contar es lo siguiente, cada categoría de libros (fantasía, intriga, ciencia ficción...) tenía un jurado que salía a decir quién era el ganador y el hombre que representaba al Jurado de ciencia ficción le dio el premio a una novela llamada Osmosis. Lo gracioso fue que el hombre dijo que le parecía un título muy original, que había buscado en el diccionario de la RAE y la palabra no existía. Primero, no sé de qué año era el diccionario que él consultó, pero en el diccionario RAE online sí que aparece ósmosis. Y lo define así: 

1. f. Fís. Paso de disolventepero no de solutoentre dos disoluciones de distintaconcentración separadas por una membrana semipermeable

Vale, podéis decirme que no es un gran fallo, es decir, mucha gente no sabe lo que es la ósmosis, pero tío, si vas a decir que es un término inventado delante de un montón de personas, antes asegúrate bien. Por suerte para él no estaba el autor, que lo habría podido corregir, y mi madre no me dejó que levantara la mano para sacarlo de su error. Aunque el pobre hombre lo necesitaría, ¿y si encima la novela iba sobre el proceso físico y el hombre del jurado llegó a pensar que el autor se había inventado el proceso? O sea, vale que algunas cosas de la ciencia parecen ciencia ficción, pero vaya toalla. Yo creo que los jurados estaban mal puestos: el jurado de ciencia ficción era músico y, como veis, no sabía ni lo que era la ósmosis; el jurado de novela urbana era médico, que ni bien ni mal; el de fantasía era médico también....Y fue solo mi suerte, que mi jurado, teniendo mi libro una gran investigación médica con las autopsias bien descritas, no fuera médico sino de Historia del Arte, la cagamos bien. Aunque mi libro también tiene historia, pero resulta que el hombre del jurado había estado trabajando para las fuerzas de inteligencia??? Algo así dijo el que lo presentó, yo estaba demasiado nerviosa como para enterarme, ¿qué pinta uno de historia del arte con las fuerzas de inteligencia, ni idea, pero a saber lo que oí que estaba temblando? La cosa es que la parte policíaca es la que peor estaba porque no conozco a policías para documentarme.

*Nota para mí: intentar ligar con policías y sonsacarles información sobre los trabajos de investigación para libros.
**Nota para mí 2: no es necesario ligar para la operación, solo lo piensas porque tu mente tiene sobre exceso de novela romántica. 

Pues vale, hasta aquí la segunda parte. La osmosis. Y sigamos con este apasionante mes en el que no os he escrito. 

Nos dieron unos días libres y fuimos a Granada. Muy bonita, me gustaron los jardines de la Alhambra. Además, mis padres entendieron el suplicio que sufrí viviendo en la ciudad durante 6 años de carrera porque su habitación daba a la calle y oían todo el ruido de la gente de fiesta. Por suerte para mí, me anticipé a ello y elegí, sabiendo lo que pasaría, la habitación que daba al interior y no a las calles de fiesta. Por desgracia para mí 1)compartía cuarto con mi hermano y ronca, así que esa noche no dormí, 2)el día siguiente y el resto de noches, mis padres vinieron a nuestro cuarto que no daba a la calle 3) mis padres también roncan 4)para que entendáis esto, sabed que tengo muy buen oído y que el ruido no me deja dormir. 

Así que acabé moviendo un colchón y durmiendo en la cocina...con tapones, por si acaso. Acabé destrozada de andar y de no dormir bien, pero ahora que ya no estoy cansada puedo decir sin miedo que me gustó xD.

¿Qué queda? Ah, ya me acuerdo. Vamos a ponernos serios un momento. Esto es importante y habría querido hacerlo en una entrada en solitario, pero como no tenía tiempo tendrá que valer así. Veréis, no sé si a vosotros os pasa pero yo tengo hambre todo el tiempo. Casi siempre tengo hambre. Y estoy obsesionada con tener comida. Si me voy de viaje o simplemente un día a la ciudad, me tengo que llevar al menos unas galletas por si me entra hambre y no encuentro nada para comprar. Esto lo hacen también mis abuelas que siempre han sido de almacenar comida y de llevarla en los bolsos porque han pasado una guerra y una posguerra y saben lo que es pasar hambre. Yo, por suerte, nunca he pasado hambre, no hambre de no comer en días desde luego, pero mis genes sí. Mis genes, los de todos nosotros, han pasado hambre, porque evolucionamos hace millones de millones de años siendo cazadores y recolectores que comían poco y cuando podían y tenían que sobrevivir. Nuestros genes tienen la memoria de haber pasado hambre y eso sigue hoy en día, sin importar estos ¿qué? ¿cinco mil años de historia de la ganadería y agricultura? ¿cincuenta años de la comida rápida súper capitalista que nos va a matar a todos de infartos?

Bueno, pues cómo podemos mirarnos al espejo sabiendo que nuestros genes tienen memoria lo que pasaron hace millones de millones de años y nosotros no queremos ni recordar lo que se vivió hace menos de un siglo. Cuando veo por la televisión todas las muertes de las personas que han fallecido intentando llegar a España, cuando veo las condiciones en las que tratan a los refugiados, como si no fueran ni siquiera personas, como si fueran humanos de segunda, hacinados en celdas, sin apenas comida, o dejados para morir de frío en campos improvisados con tiendas. Las mujeres violadas, niños y niñas raptados por mafias para la trata de esclavos. ¿No os suena de nada? Hace apenas 70 años que vivimos una Gran Guerra, la Segunda Guerra Mundial, donde trataron como si fueran animales, incluso peor, a personas solo por ser judíos, polacos, gitanos, homosexuales...en resumen, solo por no ser alemanes rubios y nazis. Y ahora lo leemos, vemos documentales y pensamos "qué horror, menos mal que esto ya no volverá a pasar porque estamos en Europa en el siglo XXI". Y con toda nuestra hipocresía nos lo creemos. 

Dejadme que os rompa esa burbuja de felicidad, pero está pasando. Nunca ha dejado de pasar, si no era en Europa, sería en otro lugar. Pero ahora mismo, la historia se repite y los nuevos refugiados, que hace años se llamaban Judíos, ahora se llaman sirios, han cambiado los rostros y los orígenes, pero no las situaciones ni las necesidades. Ahora que se repite la historia y es nuestro turno de actuar, mis queridos lectores, no estamos haciendo nada. Pero nada, nada. NADA en mayúsculas. En España se han pasado semanas hablando de Cataluña, porque la gente que está muriendo y oprimida (de verdad, y no como los catalanes se sienten oprimidos, y lo digo desde el respeto pero estamos hablando de cosas mucho más serias que un sentimiento de nacionalidad) porque cuando hay algo que sube la audiencia se olvidan de las personas. Mis queridos lectores, esta es nuestra época y pensad que algún día nosotros seremos la Historia. ¿Qué queremos que cuenten? ¿Que nos quedamos sentados, cómodos y tranquilos en nuestras casas, comiendo mientras veíamos las noticias y pensábamos "qué horror" al ver la situación de los refugiados, pero sin mover un solo dedo? ¿O que al menos, al menos, lo intentamos, que intentamos ayudar, que intentamos de verdad que la historia dejara de repetirse y de escribirse con la sangre de los más débiles?

Con esta reflexión me despido por el momento para ir a hacer la cena. Espero que os vaya todo bien y espero no tardar tanto en volver a escribir. ¡Ánimo!

domingo, 22 de octubre de 2017

Clasificación y subtipos de los estudiantes del MIR

Queridos lectores, 

¿Cómo están mis cositas bonitas preferidas? *dice con tono de abuela que te aprieta las mejillas* Pues bien, porque hoy he pasado el día con mis perros, que son mis cositas bonitas favoritas, y están muy bien. Sobre todo porque el domingo es el único día que les puedo ver sin tener que ir corriendo y podemos jugar más.

Sin embargo, como veréis por el título la entrada de hoy va de algo mucho más serio. Y es hablar de los distintos tipos y subtipos histológicos y físicos que podemos encontrar dentro de la fauna biológica del MIR. Agarraos porque allá vamos. 

En este inhóspito ambiente que es la preparación del MIR, el estudiante tiene que aprender a camuflarse y a sobrevivir en condiciones insospechadas: largas horas de espera frente a una págica esperando el momento en el que la información decida abandonar el papel y entrar en tu cabeza; el trágico desenfreno de los sábados por la noche y el despertar de la mañana siguiente, la rivalidad entre los machos de diferentes academias. Pero, sin duda, una de las cosas para las que más preparados tienen que estar los estudiantes es para los Simulacros.

Sí, amigos, esa pequeña tortura de cinco horas y 235 preguntas de cada sábado por la tarde que buscan prepararte para que el día del verdadero MIR estés tan cansado de hacer exámenes que no te quede energía ni para ponerte nervioso. Y como los resultados en los simulacros son lo que te da tu status dentro de la jungla mírica, pues aquellos con un percentil 85% que ya pueden reírse del mundo e irse a la playa porque saben que van a hacer hasta Dermatología si quieren, no se acercan a los de percentil 25% que están empezando a mirar cómo y dónde está realmente Alpedrete (que por cierto está en Guadalajara y las fotos del Google Maps lo sacan bastante bien) o algún otro pueblo perdido donde les llegue la nota (más o menos por mi descripción del Alpedrete, podréis saber por dónde estoy yo).

Así que es en los simulacros donde caen todas las máscaras y los verdaderos animales de cada uno salen a la superficie y, por eso, he decidido clasificarlos. Porque si hay algo con lo que disfrutan los médicos es con clasificar lo inclasificable y ponerle nombre de comida a cosas asquerosas. 

1)Los que van de postureo  vs  2) Los que van a sufrir.

Esa es la primera gran clasificación, pero os lo voy a ir contando paso a paso. 

1)Los que van de postureo o alto percentil: Aquellos seres que llevan sacando percentiles estratosféricos desde el principio de los tiempos y para los que cada simulacro es una muestra de fuerza y poder. Además meto en esta clasificación a todos aquellos que entran en mi concepto de "te lo estás tomando demasiado a pecho y ni siquiera es el examen real" 

    A) Los de la cofosis autoinducida: todas aquellas personas que en una habitación llena de gente en silencio haciendo un examen cree necesario llevar tapones. ¿De verdad? Te lo digo yo que dormí con tapones durante años, para cuando llegue el día del examen y los necesites, vas a tener los conductos auditivos escaldados. 

    B) Los masoquistas o los too healthy for myself: Las personas que se llevan fruta para merendar. O sea, una manzana o un melocotón, para cinco horas de exámenes ¿Llevas 5 puñeteras horas de exámenes y tienes que castigarte todavía más tomando de merendar fruta? Te mereces chocolate, te mereces un donut, te mereces engordar y a la mierda todo. ¿Qué es eso de querer ser sanos y estudiosos al mismo tiempo? A mí me tenéis que dejar algún pecado por pequeño que sea. Pero qué poca vida, vale que un sábado me lo tenga que pasar encerrada haciendo un examen, pero no tener ni un mísero bocata...ah eso sí que no. 

    C) Los psicópatas camuflados: esa gente que no va a hacer el simulacro, ah no, solo van a fastidiar y a no dejar que te concentres. Y aquí subdivido de nuevo: 

       - Los babosos: podrían estar en el grupo de la fruta también, pero estos individuos, no contentos con hacerme sentir poco sana con mi bocadillo de jamón y queso, se dedican a chupar su manzana como si no fueran a comer más en cinco horas (¿hola? haberte traído más comida, que sabías perfectamente lo que dura el examen) y chupan y chupan el jugo haciendo un ruido, no os mentiré, de lo más gracioso/asquerosito, pero así no hay quien se concentre. 

       - Los crunchy: estas personas deberían estar prohibidas por ley. Los que no contentos con llevar fruta se llevan...¡FRUTOS SECOS! Y se ponen a tu lado para que te enteres cada vez que se menten a la boca un santo cacahuete. Y crack, crack, crack. Ayer estuve a punto de tirarle los frutos secos a alguien por la ventana, lo juro. No se deberían permitir frutos secos en el MIR. 

    D) Las cuquis: son, sobre todo chicas, esa gente que viene tan mona que se podrían confundir con los invitados de alguna de las bodas que se celebran habitualmente cerca de mi academia. ¿Cuál es el problema con esta gente? Que para venir tan cuquis vienen con prendas tan finas que suelen tener frío (o será que las manzanas no les dan calor en el cuerpo), pero yo me aso y ellas se hielan y se establece una lucha de poder por la Puerta: abierta o cerrada, he ahí la cuestión. Por suerte descubrí algo que tiene más autoridad que ninguna de ellas, incluso más que un tutor o un profesor: La Silla. Coloqué una silla en la puerta tras cansarme de levantarme a abrirla cada vez que alguien la cerraba y nadie más se atrevió a cerrarla. 


2) Los que van a sufrir o bajo percentil: es quizás un grupo en el que se podía incluir a todos los anteriores, porque todos sufrimos, pero me ha gustado así. 

A) Los resopladores: a veces no sé si estoy rodeada de gente o de caballos. Venga a resoplar. Pero te entiendo hermano, yo también sufro xD Y es que están pensando en lo bonito que es Alpedrete, pero las pocas ganas que tienen de vivir rodeado de cabras y abuelitos. 

B) Los de vejigas pequeñas: la gente muy concienciada por su lugar estratégico con respecto a la puerta para poder ir al baño. O quizás están pensando en huir en cualquier momento, cosa que a mí también me pasa. 

C) Los que están pensando si no deberían haberse apuntado a los Juegos del Hambre en vez de al MIR: y tal vez este sea mi grupo, tal vez. 

Por lo pronto ya no se me ocurren más grupos así que lo dejo por hoy porque tengo que ponerme a escribir mi novela! Mucho ánimo a todos.

lunes, 9 de octubre de 2017

Las dos Pesadillas del MIR

Queridos lectores, 

Llevo todo el día repasando mentalmente las cosas que quería contaros y por fin llegó el momento, mi hora libre y la oportunidad de escribiros, casi ni me lo creo, sinceramente. Pues, venga, allá vamos. 

He de confesaros que el sábado cometí uno de los peores errores que puedes cometer durante tu preparación para el MIR. No sé si podré confesarlo, es demasiado horrible oh *se lleva la mano a la frente en gesto dramático*. Pero antes de adentrarnos en las tenebrosas aguas del MIR haré una recapitulación para los despistados y la gente que acaba de unirse a nuestro bonito grupo de las desgracias. El MIR, mis queridos amigos, es el sistema de elección que nuestra sociedad ha elegido en vez de ser honestos y organizar unos Juegos del Hambre sin tanto engaño psicológico. O, dicho de otra manera, el examen en el que los médicos recién graduados de todo el país realizan para, según el orden de nota, elegir plaza y especialidad en hospitales. Hasta ahí todo bien, todo bonito. Pero, claro, el problema que tienen estos sistemas de elección por "orden" sacados puramente de la selección natural más Darwiniana, es que crean mucha competitividad y mucho estrés, porque no solo tienes que superarte a ti mismo en los retos de la vida, muchas veces tienes que superar a los demás. Hasta tal punto que, en los momentos de mayor estrés, lo diré, es capaz de sacar los instintos más psicopáticos de sus opositores. 

Y antes de que penséis mal quiero aclarar desde ya que ese gran error que tenía que confesar al principio y al que llegaremos no tiene nada que ver con asesinatos. No he matado a nadie. REPITO: no he matado a nadie por el MIR, salvo a un par de mis neuronas que han decidido suicidarse por el trauma. 

En fin, sigamos mis queridos mal pensados. Decía que saca tus peores instintos porque el otro día un chico, que no sé de qué clase de piedra habrá salido a tres meses del MIR (o cuatro?, no quiero contar sinceramente) preguntó qué era la "muerte súbita". Y no. No estoy hablando de la muerte real, sino de un examen que al final de mes nos hace la academia con preguntas tipo test de exámenes de otros años para ver si nos las hemos estudiado bien. Me hizo tanta gracia que preguntara cuando ya lo habíamos hecho varios meses que le propuse a una amiga decirle que era un examen, como os decía, solo con el pequeño matiz de que la Academia eliminaba a los que peor nota sacaran. Así, para motivar. Aunque entonces empecé a pensar que casi mejor que empezaran a eliminar a los que mejor nota sacaban porque así que eliminaban competencia. 

Y esto me hizo pensar que el MIR podía ser como una especie de Juegos del Hambre... ¿o es peor? Pues no lo sé así que he hecho números para tener una base firme sobre la que basarnos. Veamos, si a los Juegos del Hambre van 26 personas y solo sobrevive 1, eso hace un total del 3,84%, es decir, el 3,84% de los que participan sobreviven y mueren 25, el 96%, a groso modo. Mientras que en el MIR se presentan unas 14.000 personas de las cuales tendrán plaza y más o menos algo que no odien unos 4.000 que son un 28%, y digamos que no lo logran unos 72%, groso modo, decimal arriba, decimal abajo. Claro, hablando en porcentajes, tienes más probabilidades de sobrevivir al MIR. Además, en los Juegos del Hambre te matan mientras que en el MIR solo tienes que repetirlo...cosa que me tienta más apuntarme a los Juegos del Hambre, además soy una chica de campo que sabe tirar con arco, básicamente soy la protagonista. Si no me hubiera cortado el pelo y aún llevara trenza sabría seguro que iba a sobrevivir. Pero ante la duda, y sobre todo, porque ya he pagado las tasas para presentarme al MIR y paso de hacer todo el papeleo que habrá que hacer para apuntarse a unos Juegos del Hambre (que si las tasas, los certificados, el testamento...). Pues casi me quedo donde estoy.

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Pero dejemos de hablar de posibles crímenes porque el mundo está muy loco, nuestras cabezas muy mal y no quiero ser un mal ejemplo a seguir. No, todo esto venía porque os quería explicar cuáles son las dos mayores Pesadillas (con P mayúscula) que se confabulan para herirte durante el MIR. Son además dos factores numéricos relacionados. Uno se llama Percentil y es la representación gráfica de este sistema tan bonito que te ordena por tu nota. Creo que estoy sonando como muy ácida y si el MIR fuera mi pareja o ex alguno diría que sueno a mujer despechada (Qué fuerte) Pero no, es todo en tono de broma, tranquilos, dejadme que termine primero. 

Pues como os decía, el percentil te ordena según tu nota. Qué triste que a estas alturas de mi vida un número quiera decirme lo que valgo y lo que sé. Bueno, que lo intente xD. La cosa va así: cuanto más alto es tu percentil, más arriba de la cadena alimentaria estás o sea que mejor nota sacas; cuanto más bajo sea, pues...ya sabéis, peor. 

Y esto está inversamente relacionado con la otra P mayúscula: el peso. Porque claro, uno no pasa 10 horas estudiando durante meses sin que algunas zonas de tu cuerpo se enteren y decidan ponerse a almacenar alimento por si no saco buena nota en el MIR y tenemos que acabar haciendo hidrología en Alpedrete con un sueldo que no llegue para pipas. Y es que parece que lo que quieres que suba, baja; y lo que deseas que baje, sube. Si mi percentil subiera como mi peso y mi peso bajara como mi percentil ahora mismo sería la mujer más feliz del mundo, y probablemente sería un genio con un cuerpo de infarto. Pero solo soy yo, que no está tan mal xD. Me tendrá que valer, que dicen. 

Así que, allá vamos, lo confieso, el sábado miré mi percentil y estuve a punto de llorar. Por suerte para mi autoestima no me pesé, no creo que hubiera podido soportar tantas malas noticias a la vez. 

Pero, ¿sabéis que es lo que me animó tras ese bajón? Pues veréis, me puse a pensar que me tendría que ir a algún lugar perdido de España a hacer cualquier especialidad perdida, también, la tendría que encontrar primero. Y me dije: oh qué desastre, no voy a saber qué hacer con mi vida, ¿y qué hago como hidróloga? Si a mí los spa me aburren. O ¿qué hago si me voy a Melilla? Yo qué sé, estaba ahí en plena crisis de identidad sin saber qué iba a hacer con mi vida y entonces me enteré de que el Che Guevara estudió medicina. Y eso me animó mucho porque me dije: si él estudio medicina y se hizo revolucionario cubano que pasó a la posteridad, yo también puedo. Aún estoy a tiempo de cambiar el rumbo de mi vida si no me gusta o no estoy cómoda con él. Hidrología en Alpedrete no es una sentencia de muerte. A lo mejor conozco sirenas...

Y luego empecé a pensar en algunas personas que estudiaron medicina y sobrevivieron y hasta puede que fueran felices. 

- Santiago Ramón y Cajal: es de mis modelos a seguir favoritos porque él quería ser artista, pero estudió medicina. Y lo mejor es que su visión artística aplicada a la medicina fue lo que lo impulsó a hacer el descubrimiento o las investigaciones que lo llevaron al Nobel. 
- El Che: que mandó a la porra sus estudios de medicina y vivió la Revolución. No me extenderé sobre su vida porque no me la sé. 
- Wyoming: un humorista y presentador español que estudió medicina pero se dedica a todo menos ello. 
-Radclyffe: es una cirujana plástica que se dedica a la escritura ahora, más concretamente escribe novela erótica/romántica lésbica. Pero la cosa es que no se dedica a la medicina. 

Y seguro que hay más pero no los conozco. Seguiré con mi lista. Veo cierto patrón, ¿no? Bueno, lo importante es que ni nuestro título ni nuestra profesión ni, mucho, mucho menos nuestro percentil nos define. Somos muchas cosas, somos demasiado complejos como para ser descritos o contenidos en un número. Y más allá, cada fallo puede ser una nueva oportunidad para mejorar, para aprender o para una nueva vida. ¿Quién sabe si resulta que la Hidrología es mi verdadera vocación y Alpedrete un lugar de ensueño? Pues nadie lo sabe, yo no porque nunca he estado en ese pueblo. 

Sí, sí, ahora os digo esto, pero me seguiré machacando cuando me salga fatal el próximo simulacro. Al menos hasta que llegue el día en el que pueda gritar: QUE CUNDA EL PÁNICO. REPITO: QUE CUNDA EL PÁNICO!!! ESTO NO ES UN SIMULACRO. NO ES UN SIMULACRO!!!!
Resultado de imagen de MINIONS megafono

Me quiero hacer una camiseta con esa frase y esa imagen para el MIR xD. 

Bueno, mis queridos lectores, espero haber cumplido mis necesidades comunicativas con esta entrada y poder seguir estudiando mañana más, pero no mejor, porque como dice el Gran Wyoming, eso es imposible. 

¡Ánimo!